Literatura y arte

desde el centro

del Mundo.

Literatura y arte

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Líbero

Fin de Año.

Finalmente entré a casa y tiré mi maletín de colegial a una de las bancas, luego caminé y corrí por el amplio jardín, como un gato que había sido liberado de su encierro. Mientras recorría el jardín, lo vi diferente, estaba lleno de luz y flores. Había alegría y promesas dando vueltas en el ambiente. En un acto impulsivo, volví al maletín y busqué el tesoro más valioso que contenía: la libreta de notas finales del año escolar.La busqué unos segundos, mientras me abría paso en medio de los libros, crayones, cuadernos y el infinito desorden del maletín de cuero café, que aún, luego de haber sido utilizado durante todo un año, despedía ese inolvidable y agradable olor a cuero. Tomé la libreta y corrí raudo hacia el comedor de la casa y encontré a mi madre, que sonreía de oreja a oreja.En realidad, ella toda era una gran sonrisa, y mi abuela otra, ambas eran una sonrisa de felicidad y alegría. Me acerqué corriendo a mi madre y casi lanzándome a ella, le alcancé el tesoro, la libreta de notas, ella la recibió, con un entusiasmo increíble la abrió y comprobó que había terminado el año de estudios con resultados positivos, enseguida la puso a un lado y me cobijó con un gran abrazo de felicidad.

La alegría y felicidad que me poseyó desde que regresé a casa, se apoderó completamente de mí, se hizo consciente e irrefrenable, entonces reí fuerte junto a mi mamá. Luego, sin poder esperar más, regresé al jardín corriendo, mientras el perro de la casa me perseguía para jugar. Le lancé la pelota y él me la devolvió. Al pasar corriendo por el lado del maletíntuve un impulso amable, lo cerré para que la lluvia, que tal vez caería en la tarde, no dañe su contenido.

Llegué a todos los rincones del jardín y saqué de sus escondites a todos mis amigos: De detrás del muro de adobe saqué mi espada de madera, de las calaminas del desván saqué mi juego de flechas que yo mismo me fabriqué varios meses atrás, saqué los barcos de madera que hicimos con mi papá, el triciclo para hacer correr como locas a mis hermanas, los osos de peluche deteriorados por haberlos utilizado como compañeros de lucha en campo abierto. Saqué todo. Mientras lo hacía, el ambiente del jardín se ponía más feliz a cada segundo, más luz, más verde, más flores, más cánticos de las aves, se llenó de un viento tibio y feliz que venía del trópico, trayendo un perfume a flores. Les juro que ese día fue el día más feliz de mi vida.

Luego de una hora de intensa actividad, reponiendo todo el equipamiento para jugar y jugar sin parar, estaba cansado. Entonces escuché el llamado de mi abuela. El almuerzo estaba listo. Dejé todo porque me moría de hambre.Al regresar corriendo, me detuve un segundo y recogí el maletín, lo tomé y corriendo entré a mi habitación y lo puse cuidadosamente sobre mi escritorio. Lo coloqué sin prisa, lo hice con respeto y reverencia, que yo no sabía que tenía dentro de mí. Era una reverencia hacia el maletín escolar, hacia el colegio y los estudios.Corrí y pronto estuve en el comedor, listo para almorzar.

Antes de iniciar el almuerzo, cruzamos unas miradas cómplices con mis hermanas. Ellas también estaban henchidas de felicidad, sabían que pasaríamos unas magníficas vacaciones.

Mientras escuchaba la oración que ofrecía mi papá para bendecir los alimentos y agradecer porque los niños terminaron el año escolar con éxito, me di cuenta que mi felicidad se debía no sólo a que las clases del colegio se habían terminado, sino a que había logrado avanzar un paso más, una grada más en la gran escalera de conocimiento y esfuerzo que son los estudios. Ese día se instaló en mí la convicción de que quería seguir subiendo las escaleras, los estudios se convirtieron en un gran camino, la lectura en una promesa, y el maletín en un objeto de devoto respeto.

Terminó la oración y comenzamos a almorzar, todos alegres y felices, mientras hacíamos grandes planes con toda la familia, para pasar ¡Tres enloquecidos meses de vacaciones! El cuarto año de educación primaria había terminado, y yo me sentía lleno de éxito y felicidad.

FIN.
David Concha Romaña
2012


“Margaritas volando en el cielo de Primavera”.
Stella Maris Cristobo. Argentina.

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