Colección Musical

EL VIENTO Y LA VIDA

Ilusión de amor.

Pasaron varios meses desde que todo terminó. Una noche decidí llamar a mi buen amigo Fernando para conversar con él, quería contárselo todo. Felizmente contestó a mi llamada:

- Fer. Tendrás un tiempo, debo contarte algo. Necesito tu ayuda.

- Claro David, tu dirás.

- Vamos. Te invito unos cafés o lo que desees.

Nos encontramos y fuimos directamente a un lugar tranquilo donde era posible conversar sin ser interrumpidos en un ambiente agradable sin intromisiones de ningún tipo. Felizmente contaba con su ayuda. Fernando, siempre ha sido un amigo discreto, dispuesto a comprender y escuchar. Nos acomodamos en el café y tomando una y otra taza de café, le conté lo que me sucedió.

Al conversar le conté:

“Verás Fer. Todo lo bueno termina, pero no se acaba. Hoy que te lo voy a contar, los recuerdos vuelven a encenderse en mi mente y mi imaginación me devuelve la felicidad vivida, tanta razón tiene el dicho que dice: “Recordar es volver a vivir”. Te lo cuento porque la imaginación se hace vívida, entonces soy nuevamente feliz, no he perdido lo vivido, permanecerá en mi mente y mi corazón por siempre.

Ya llevaba varios meses desde que mi mujer se fue de casa, se largó a vivir a la capital de la república, la ciudad de Lima. Simple y fríamente me dejó tirado en la vida como a un perro sin dueño. Estuve varias semanas atrapado en una situación triste. Como no soportaba más la situación en la que me encontraba, una buena tarde me dije a mí mismo: “Davico no puedes seguir en esta situación, tienes que solucionarlo de alguna manera”.

Esa misma noche, no se me ocurrió mejor idea que visitar el lugar del amor fácil, de la felicidad de fantasía. Aquella noche llegué temprano al night club, entonces para hacer tiempo me acerqué a la barra a conversar con Manet, la dueña y administradora del local, la “mami” de las chicas.

- Hola Manet, dame una cerveza por favor. - Le dije.

- Claro David, para ti hay todo.

Yo ya no era un jovencito, era una persona adulta, los años me sorprendieron de un día para el otro. Ayer nomás cuando me inicié en el arte y la costumbre de buscar el amor nocturno de las mariposas, tendría unos 30 y eso fue hace 10 años, pero desde entonces se agudizó en mí el instinto salvaje del sexo, el sublime sentimiento del amor y la necesidad de ternura. Manet lo sabía y me entendía, pues ella también había alegrado mis noches varias veces, por eso nos llevábamos bien, éramos amigos, ella siempre tenía la consideración de guardarme a las chicas más bellas que llegaban a trabajar a su club nocturno. Manet conocía mejor que cualquier psiquiatra o psicólogo la naturaleza humana, por ello, sólo le preocupaba la seguridad de los presentes, no le importaba lo que hicieran.

Conversamos un largo rato mientras poco a poco, una a una, iban llegando las chicas, se acercaban a la barra para reportarse con Manet y de paso me saludaban algunas de ellas, las que me conocían: “¡Hola David! ¿Te vienes conmigo verdad?”

Así, mientras avanzaba la noche iban llegando las chicas. A primera vista no era posible apreciar toda su belleza, pues venían bien cubiertas con abrigos y lentes para que la gente de la calle no las reconozca. Aun así, se podía apreciar su belleza. Luego de registrarse con Manet entraban a una habitación y luego de un rato salían con sus trajes de trabajo. Con ligeras ropas de baño algunas, otras con faldas muy cortas y sostenes. Las más atrevidas salían semi desnudas con la finalidad de captar rápidamente a un cliente ansioso. Poco a poco fueron llegando los parroquianos y las chicas hasta pasada la medianoche. Entonces, mientras yo continuaba bebiendo lentamente mi cerveza, Manet me dijo: “Allí viene, es la chica nueva, será para ti hoy, es una diosa, le encargaré que vaya contigo”. La chica nueva se acercó a registrarse y pese a que se encontraba bien ataviada, pude apreciar que, en efecto, era muy joven e increíblemente bella. “Gracias Manet” - Le dije. Entonces Manet intercambió unas palabras con la chica, sólo escuché el momento en que ella le dijo: “Hoy atiendes a David, toda la noche a exclusividad, con todo, ya sabes, es un buen cliente”. “Claro Sra. Manet” - Le dijo la chica y mirándome me habló: “Hola, mi nombre es Ale, vendré en un momento papito”.

Mientras apuraba la cerveza y conversaba algo con Manet, la nueva jovencita vino hacia mí y me habló: “¿Vamos amorcito?” Quedé embobado al verla frente a mí, semi desnuda, era una chiquilla de más o menos 19 años, bella de los pies a la cabeza, flaquita, bien proporcionada, de rostro oriental, labios provocadores y mirada indescifrable. Me pareció la chica de mis sueños. Era una chiquilla preciosa de rasgos orientales, cabello de corte príncipe, cerquillo provocador, carita tremendamente sensual y un cuerpo fino, pero bien formado. Desde mi punto de vista, era la chica perfecta que estaba buscando aquella noche.

“No puede existir una chica tan bonita - pensé -, y ahora es para mí”. Era una chica muy joven y atrevida, estaba prácticamente desnuda, vestía un diminuto traje de baño y exhibía sin temor su artístico cuerpo. Ante la mirada asombrada de los parroquianos envidiosos, nos fuimos al apartado más alejado del local, mientras caminaba meneaba sus exuberantes caderas, meneaba su cabello, toda ella era una explosión de sensualidad. Inmediatamente el mozo de turno vino. Encargué bebidas para pasar largas horas con esa belleza. Luego de hablarle bonito y tomar uno y otro trago, relajados por el efecto del alcohol, comencé a acariciarla y luego a besarla con agrado. Me di cuenta que yo le gustaba y ni que decir, ella me encantaba.

Fui tomando los tragos sorbo a sorbo, totalmente absorto por la belleza de Ale. En la medida en que avanzaba la bebida, también avanzaba el deseo y la sensualidad. Nos encerramos en la habitación que Manet nos proporcionó y le dimos rienda suelta a nuestros desenfrenados deseos sexuales, de manera salvaje y sin culpas, por puro placer sensual e instintito. Ella me gustaba desde la punta de los pies a la cabeza, era absolutamente inquieta y desinhibida para el sexo. Fue una noche de placer completo, animada por el alcohol y la música chicha y cumbia que de rato en rato nos hizo bailar animadamente.

Esa noche ella estuvo conmigo hasta la madrugada. Tuve que irme. Nos despedimos con un nuevo beso que seguía pareciendo insuficiente, como si la sed de amor que ambos sentíamos no se hubiera apaciguado nada durante esa noche de amor y pasión. Antes de marcharme por la puerta del nigth club ella me dijo: “Vengo los jueves, viernes y sábados. Te esperaré amorcito cada vez que vengas, pues quiero estar contigo, quiero todo contigo”. Me acomodé lo mejor que pude y salí del local. Me abrí paso entre los parroquianos de los cuales yo era uno más y entre cansado y borracho salí del antro. Ale me acompañó hasta la puerta. Antes de iniciar mi partida, la abracé y acariciándola en la cabeza y los hombros, como quien no desea soltarla, partí, pensativo, borracho, apasionado, ilusionado y loco. Me fui unas cuadras caminando por la vereda en busca de algún lugar para comer algo y luego irme a casa. Fue el inicio de la más loca ilusión de amor. Talvez sintió algo por mí, pero obviamente no podía ilusionarme en ningún sentido con ella, sólo debía gozar de su cuerpo y su compañía, de su energía de mujer bella y loca.

Tomé un café por ahí y cuando finalmente decidí irme a casa, me golpeó física y psicológicamente la luz del amanecer y la verdad. No sé… me sentí tan vividor, tan nocturno, tan vampiro, tan pecador. La luz del día me dio un fuerte golpe y entonces tomé un taxi y le pedí que me lleve a casa. Mientras el taxi avanzaba raudo hacia mi domicilio yo observaba a través de la ventana la luz cada vez más clara del nuevo día. Llegó el taxi, entré a mi domicilio callado e indiferente y luego de tomar un gran vaso de refresco me fui a mi dormitorio a dormir y repararme de la noche loca, una noche loca más en medio de mi vida de solitario.

***

El nigth club se convirtió en un refugio, en un paraíso de amor, en una isla de salvación para mi pasión y para mis deseos desenfrenados de amor y sensualidad. El ambiente obscuro, las luces de colores, los apartados privados, la barra de tragos, la interminable música cumbia y chica, la abundancia de chicas bellas dispuestas a todo, la fantasía de amor que viví allí fue para mí una fantasía infernal y celestial a la misma vez. Cada noche que fui al nigth club me sentí intensamente feliz.

Un buen día de esos, salimos del nigth club y como siempre me fui con ella a su pequeño departamento con la idea de pasar el día juntos, compartiendo el amor aguardientoso, hecho de ilusiones y pasión comprada, pero, al fin y al cabo, amor. En el camino ella permaneció extraña y callada. No le dije nada, simplemente caminaba ansioso por llegar ya. Cuando llegamos, ella me detuvo en la puerta, me abrazó, me dio un beso talvez tierno, talvez pecaminoso, no sé… Me dijo luego:

- David, ya no podremos quedaros juntos hoy… ni mañana. Me iré.

- ¡Por qué! -Le respondí entre molesto y sorprendido- ¿En qué te he fallado? Si hasta he permitido que estés con quien quieras, pues es tu trabajo. Tú sabes que estoy enamorado de ti.

- David… Yo también me enamoré de ti, pero hay cosas más importantes que el amor.

- ¿Qué puede ser más importante que el amor? Todo lo demás se puede solucionar. Ya te dije, te prometí que te sacaré de esta vida para que vivas conmigo.

- En mi vida, David, lo más importante es el dinero. Me iré a Brasil a atender a los mineros, ellos me pagarán mucho dinero. Tienes que olvidarte de mí, en esa vida perderé toda la poca dignidad que me queda, perderé mi alma, pero lograré tener la vida que nunca tuve, mediante el dinero. Es mejor que te quede claro David…

Me abrazó, me volvió a besar, yo también la abracé muy fuerte y la apreté junto a mi corazón. Por un momento sentí que ella cedería. No pude evitar llorar, ella también lloró. En un último y desesperado intento le dije: “Por favor Ale. ¡No me dejes! ¡No me dejes! Te lo ruego. Moriré sin ti”.

Ella se desprendió de mí, se limpió los ojos y me dijo. “Adiós Davico, me debo ir. Olvídame”. Se quitó el collar de plata que llevaba en el cuello y me dijo: “Toma, es para ti”. Y apresurada se metió a su domicilio, dejándome desconcertado en la puerta, agarrando el collar”.

***

Lo bueno de todo es que Fernando se involucró en mi experiencia, de tal forma que me escuchó con curiosidad y entusiasmo, riéndose por ratos o haciendo gestos de admiración. Conversamos bastante. Cuando consideré adecuado terminar la conversación le agradecí. Ya para despedirnos le dije:

- Y… ¿Qué piensas finalmente de lo que me ha sucedido?

- Qué te puedo decir Davico… eres mi amigo, te comprendo. Pero, dime sinceramente. ¿Qué esperabas de esa mujer? ¿Amor verdadero? No seas gil pues Davico.

Se paró de su silla y alteradamente me dijo gritando: “¡Entiende carajo! ¡Esa mujer era una tremenda puta!”

- Sí Fernandito, sí… tienes toda la razón. Pero, fui feliz con ella, como nunca en mi vida. Yo la amaba. -Le respondí.

Me despedí de Fernando con un abrazo y me fui rumbo a mi casa, caminando en la noche, mientras mi corazón latía con prisa y mi cabeza era un laberinto de confusión, mientras las luces amarillas de los focos que alumbran la avenida se reían de mí y los amigos árboles parecían acercarse a mí y protegerme, mientras me decían mentalmente: “Ya muchacho, ya loquillo, ya se te va a pasar, llegará una buena chica para ti…”

Ya en mi domicilio, mientras intentaba dormir, resonaban en mi cabeza, las palabras de Fernando: “No seas gil Davico. ¡Esa mujer era una tremenda puta!”.

FIN

Escrito en Cusco. 2025.




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Autor: David Concha Romaña.

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