Regresaba a mi domicilio un domingo cualquiera, luego de haber almorzado en un restaurante. Como era día domingo, pensé que lo mejor que podría hacer era descansar y dormir hasta el siguiente día para reiniciar mis actividades. Decidí caminar por el boulevard que construyeron cerca de mi domicilio. Lo bonito de este paseo es que cuenta con flores, árboles y un tranquilo camino, es agradable y relajante. Ya a punto de llegar al final del paseo, vi que una joven se acercaba a mí con prisa, detuve un poco el paso hasta que llegó.
- Hola David. ¿Te acuerdas de mí? - Me saludó agitada con un beso en la mejilla.
- Sí claro… eres Yaky. - También la saludé con un beso.
Me alegré mucho al verla pues estaba muy linda y alegre, me puse muy feliz de verla.
- ¿Te puedo invitar un helado? – Le pregunté.
- Sí, claro que sí. - Asintió.
Compramos un helado sencillo de uno de los carritos de la marca Donofrio que pasaba por el lugar. Fue un momento mágico, nos sentamos a conversar en una banca, protegida del Sol por un amable árbol de sauce. No me dijo nada, pero recostó su cabeza en mi hombro y me agarró fuerte de uno de mis brazos.
- Disculpa. - Me dijo -, pero necesito la protección de un hombre como tú. Te conozco hace años, siento que puedo confiar en ti.
- Para mí es una grata sorpresa. - Le respondí.
Yaki era una amiga, una chica demasiado linda para mí. La conocí por motivos de mi profesión, siempre me gustó, pero nunca pensé en ella como algo que no fuera amistad. Esa tarde ella estaba triste y hasta se puso a llorar un momento.
- David -Me habló- Me ha abandonado mi ex novio, mejor dicho, yo lo he echado de mi vida, aunque lo quería, me trató muy mal y me hizo sufrir mucho. Ahora no sé qué hacer, lo extraño a veces, pero también siento odio e ira. No sé por qué no logro ser feliz. ¿Tú eres feliz? ¿Has conocido la felicidad?
- La felicidad - Le respondí - Es una amiga huidiza y caprichosa, es como una bella mariposa que viene y va. La he sentido en Dios, detrás de una vitrina, en el amor de una mujer, en mis viajes, en todos y en cada uno de ellos, en el amor de mi familia, en la compañía de mis amigos, en mis noches de locura, en la comida, en los paisajes, en el cielo y las estrellas, en la salud, en el sueño profundo, en mis más locos sueños, en los cuentos, en la lectura, en el estudio, en el dinero. La felicidad está en todo, pero es huidiza y se hace notar sólo cuando ella lo decide.
***
Hubiera querido que el tiempo no transcurriera, estuvimos con Yaqui sentados en la banca abrazados, conversando. Quedó claro para mí que ella no estaba enamorada de mí, pero vi en sus ojos deseos de estar conmigo, yo quedé prendado de ella en ese mismo momento, me hubiera encantado estar con ella. No le dije nada, era muy pronto. Llegada la noche me dijo que debería irse. Nos tomamos de las manos, le di un tierno beso y ella me abrazó. Antes de dejarla irse, conversamos un poco.
- Yaqui. ¿Quieres salir conmigo?
- No lo sé David, no lo sé… no tan pronto.
- Me llamarás Yaqui?
- Sí… Creo que lo haré.
Me fui a casa pensando en su belleza, armando fantasías de felicidad con ella. Al entrar a casa no quería nada, así que me metí en mi cama y esperé el sueño, para ver si mi mente y el universo me enviaban un bello sueño de amor con ella, para ver si me permitirían continuar el momento de felicidad que tuve en la tarde. Mientras ingresaba en el mundo de los sueños, me repetía una y otra vez: “David, por favor no te enamores…”. “David, por favor no te enamores…”


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Autor: David Concha Romaña.
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