Colección Musical

EL VIENTO Y LA VIDA

Anticuchos.

Al despertar en la mañana del día sábado, lo primero que hice fue prender el televisor y sintonizar el canal de noticias locales. Justo en el momento en que sintonicé el canal, estaban desarrollando la noticia de una comerciante de comida que había sido detenida la noche anterior en las inmediaciones de la Plaza de Armas. Observé con indiferencia la noticia, total. ¿A mi qué me podría importar la detención de una comerciante de comida? Sin embargo, al verla, creí reconocerla. ¡Claro! Era la señora que nos atendió la noche anterior, en horas de la madrugada, en las cercanías a la discoteca “El Muki”.

La noche anterior, luego de haber disfrutado de una animada fiesta de cachimbos en la referida discoteca, a eso de las tres de la mañana, decidimos irnos. Yo y uno de mis grandes amigos de la universidad, salimos para tomar un taxi en la puerta y regresar a casa. Pues bien, nos despedimos del grupo y salimos. Sin embargo, en la puerta nos fue imposible evitar sentir el tentador olor a los anticuchos que estaba preparando y vendiendo una mujer comerciante. Nos animamos y nos quedamos un buen rato, comiendo un anticucho tras otro. Ustedes comprenderán que, saliendo de la discoteca, el hambre es realmente fuerte, evitar comer los anticuchos hubiera sido un pecado. Satisfechos ya, tomamos un taxi y regresamos a casa, a dormir como angelitos hasta el día siguiente.

Cuando reconocí a la mujer en la televisión, me pregunté: “¿Por qué la habrán detenido?” Lamentablemente la noticia pasó rápidamente y no pude enterarme del motivo de su detención. Pero, algo estaba completamente claro, se trataba de la misma mujer comerciante que nos vendió los anticuchos la noche anterior. Bueno… El tema finalmente no era nada importante, así que lo olvidé y me recosté para relajarme un rato más, antes de bañarme y salir a mis labores.

Luego de unos momentos me llamó mi gran amigo, Juan Gualberto, con quien habíamos compartido los anticuchos luego de la discoteca. Tuvimos una conversación:

- Hola bro. ¿Has amanecido bien? ¿No te duele el estómago? ¿No tienes deseos de ladrar? - Me preguntó en tono burlón.
- No… Me siento bien y tranquilo. En un rato más me voy para la calle.
- Dime. ¿No has visto las noticias esta mañana?
- Sí, sí he visto las noticias y también he visto que han detenido a la mujer que nos vendió los anticuchos anoche. ¿Hay algún problema?
- ¡Claro que sí huevón! Ni siquiera sabes por qué la han detenido.
- No, no lo sé. ¿Por qué la han detenido ah?
- Porque hay una cantidad de chicos y chicas que hoy irán al hospital por culpa de esa mujer. También deberías ir tú. Tienes que saber que los anticuchos eran de corazón de perro. Escúchalo bien: ¡Eran de corazón de perro!

Reaccioné riéndome a carcajadas de la noticia, luego me despedí de mi amigo sin preocupación. Decidí no ir al hospital, a menos que tuviera algún síntoma, pues, pese a que podría ser cierto, en verdad yo me sentía bien, feliz, alegre, con deseos de salir a estudiar, nada me dolía. Total, el perro es un animal más. También existe el “hot dog”, la “comida chatarra”, todos esos enlatados, sucias salchichas y hamburguesas llenas de cochinadas que la gente come sin protestar.

Me fui a la calle, pensando despreocupadamente: “Ah. ¡Qué me importa! En otra tendré más cuidado”. Mandé el tema al demonio y seguí con mis actividades. Me sentía bien y nada podría nublar mi felicidad, mucho menos un corazón de perro. ¿No dicen que es el mejor amigo del hombre?.

FIN

Escrito en Cusco. 2006.


Imagen creada con la ayuda de Meta AI.2025

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