Colección Musical

EL VIENTO Y LA VIDA

La Niña.

Serían las dos de la tarde de un día de semana. Yo me encontraba ordenando unos documentos importantes cuando recibí una llamada telefónica. Se trataba de una clienta llamada Mayra. Ella me preguntó si le podría ayudar con la asesoría de su tesis: “Claro Mayra, siempre lo hago. Te espero mañana a las 5 de la tarde en mi oficina”. -Respondí. Le di la dirección y ella agradeció indicando que estaría puntual.

Efectivamente, al día siguiente estuvo puntual y muy motivada en mi oficina. Nuestro trato desde el inicio fue muy amable y cordial, pues era una chica muy agradable. Durante una hora o más estuvimos revisando sus materiales y establecimos un protocolo y condiciones para su asesoría, ambos estuvimos de acuerdo y luego de tales acuerdos, ella se despidió y se marchó.

Bueno, cerré la puerta, me senté un momento en uno de los sillones para relajarme y planificar mentalmente cual sería la manera más indicada de llevar el tema de su asesoría de tesis. Iba pensando y divagando en estos asuntos, cuando de pronto, escuché unos fuertes golpes en la puerta del consultorio, seguidos de fuertes gritos: “¡Doctor ábrame por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!”. - Gritaba a viva voz mientras yo entraba en alarma. Me lancé rápidamente a la puerta y la abrí. Recibí a Mayra quien inmediatamente me abrazo. Luego, mientras trataba de calmarla y preguntarle qué pasó, se desvaneció en mis brazos. Con mucho cuidado la coloqué en el sofá y corrí a traer un poco de alcohol y un algodón para ayudarle a volver en sí y calmarse.

Estuvo desmayada, sin consciencia por varios minutos, pero vomitaba involuntariamente. Estaba a punto de llamar a una ambulancia, cuando de pronto, volvió en sí y rompió en llanto sin poder evitarlo. Me agarró muy fuertemente del brazo, yo sentí que me arañaba para calmar la tensión. No le dije nada pues estaba muy alterada. Rápidamente le preparé un té de manzanilla con agua de azar. La calmé tanto como pude y le pedí que tomé el té. Se calmó un poco, pero todo el tiempo miraba a la puerta y no me soltaba para nada. Cuando me di cuenta que podría hablar con ella, delicadamente le pregunté.

- ¿Mayra qué ha pasado contigo? Si estabas muy bien al llegar y al irte.

- Hay Doctor, disculpe, me dijo sollozando y limpiándose los ojos con unas toallitas que le alcancé. No sabe Doctor, no estoy así por gusto. Justo en el momento en que salí para marcharme, me paré en la puerta del ascensor y apreté el botón para bajar y marcharme. Mientras esperaba la llegada del ascensor, vi a una niña acercarse al ascensor, no pensé nada, simplemente asumí que era una niña del edificio que tomaría el ascensor junto a mí. Cuando llegó a mi lado, me di cuenta que estaba vestida con un vestido completamente blanco con encajes, llevaba en la cabeza un adorno de flores de varios colores, en sus manos llevaba un ramo de flores claras, blancas, amarillas y azules. Me miró y me dijo: “Hola soy Anita, hoy es mi primera comunión y allá estoy yendo, será en la iglesia de La Merced”.

- ¿Estoy bonita? - Preguntó.

- Claro que sí, estás muy bonita Anita. - Le respondí.

En cuanto terminé de responderle sentí un estremecimiento en todo mi cuerpo, pues observándola bien, me di cuenta que no se veía totalmente material, parecía como si estuviera hecha de humo y reflejos. Y lo más asombroso fue cuando comprobé que no pisaba firmemente, parecía flotar sobre el suelo. Entonces ya estaba yo muy asustada a punto de gritar. La niña se dio cuenta, me miró con una mirada inocente, profunda e inolvidable y volteando la cabeza, en unos instantes, se metió a la pared y desapareció. Fue en ese momento en que entré en pánico, no recuerdo como lo logré, pero alcancé a correr desesperadamente a su consultorio, por eso toqué la puerta con tanta insistencia.

Escuché su relato con intriga y curiosidad. La calmé y yo mismo la acompañé a la puerta hasta que se fue. Sin embargo, yo quedé muy intrigado por el acontecimiento. Pasaron los días y las semanas y las cosas volvieron a la normalidad. Mayra volvió a su asesoría y no pasó nada extraño en la temporada. Me quedé por largas semanas con la duda de saber qué fue lo que realmente sucedió.

***

Una tarde, mientras me retiraba ya del consultorio, después de haber terminado mi labor, me encontré en el hall de ingreso al edificio con el presidente de la junta de vecinos. Lo detuve y le pregunté si podía escucharme un momento, él accedió amablemente. Nos sentamos en uno de los sillones del hall y conversamos. Durante la conversación le relaté todo lo sucedido con Mayra aquel 8 de diciembre pasado. Después de escucharme atentamente, me habló pausadamente y me dijo: “Doctor David, es bueno que usted lo sepa. Este edificio se construyó en el terreno de lo que fue la mansión de la familia Ferrer. Ellos fueron personas muy adineradas, pero, al morir el padre, los hijos vendieron la mansión, que luego una constructora derruyó para construir este moderno edificio del cual usted es vecino. Se cuenta que los esposos Ferrer fallecieron poco tiempo después de haber perdido a su última hija, una bella niña llamada Anita. Ella murió accidentalmente justo el día 8 de diciembre de hace mucho tiempo, día en que se realiza la ceremonia de la primera comunión en el Perú. Se dice que su muerte sucedió justo cuando ella y su familia la llevaban a su primera comunión en el colegio “Santa Ana” de Cusco. Su nombre era Anita Ferrer. Los vecinos y los que conocimos a la familia, sabemos que el alma de Anita Ferrer vuelve indefectiblemente cada 8 de diciembre de todos los años para recorrer el edificio. Algunas personas me han contado historias muy parecidas a la que Usted me relata hoy. Es la pura verdad, el alma de esa niña nos visita todos los años. Esa es la realidad Doctor. Es bueno que usted lo sepa. Gracias por contármelo. Con su ayuda y la de los vecinos, organizaremos una misa por el bien de esa niña, donde quiera que se encuentre”.

Luego de escuchar el relato me fui, en el camino no pude dejar de pensar en Anita Ferrer. Estaba seguro que al ser una niña su alma estaba cercana a Dios, pero, ¿Por qué volvía a visitar la que fue su casa cada 8 de diciembre? Obviamente, tenía que ver con el hecho de que ella murió ese día, el día de la primera comunión. La muerte no permitió que ella haga su primera comunión. Mientras avanzaba caminando por la vereda, distraído para el mundo, pero, siempre pensando en lo sucedido me di cuenta que había recaído sobre mí, el sagrado deber de lograr que Anita haga su primera comunión. Pero, ¿Cómo sería posible si ella estaba muerta? No sé, tendría que hacerlo evocando a su alma, en una misa especial. Tenía 10 meses para organizarlo todo. Lo decidí. El siguiente 8 de diciembre, Anita haría su primera comunión. En cuanto lo decidí, sentí una gran paz espiritual en mi alma y felicidad en mi corazón. Estaba decidido y muy feliz. Tendría la oportunidad de ayudar a una niña, aunque se encuentre en el mundo de los espíritus.

FIN

Escrito en Cusco. 2025.


Imagen creada con la ayuda de Meta AI.2025

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Autor: David Concha Romaña.

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