Antony llegó a la casa de sanación con expresión de estar preocupado, deprimido y lleno de traumas. Cuando hablé con él para darle una orientación inicial, me contó que había tenido muchos problemas con su padre durante su niñez. Según él su deseo era desligarse psicológicamente de esos recuerdos y de su padre: “Quiero ser una persona independiente, diferente de mi padre. Sólo así lograré realizarme y ser feliz”. - Me dijo. Yo lo escuché con atención, pero también con preocupación, pues aprecié que su estado no era bueno y que realmente necesitaba ayuda. “Estas aquí para encontrar respuestas Antony. La Madre Ayahuasca te las dará” –Le dije dándole unas palmaditas de afecto en la espalda.
Pasó el día preparándose para la ceremonia de la noche y participando en las diferentes actividades y rituales previos a la ceremonia, en realidad estaba muy ansioso y esperanzado en los resultados.
Finalmente llegó la noche y todo el grupo, formado por unas 8 personas ingresaron a la Malloca y participaron en la ceremonia. Yo los acompañé durante aproximadamente una hora, pues no participé de la ceremonia, así que me fui a dormir. Mientras intentaba dormir iba pensando en los motivos y los casos de cada uno de los amigos presentes esa noche, pero en especial pensaba en Antony, pues, su enojo y los traumas que tenía con su padre eran realmente preocupantes.
Al día siguiente, luego de tomar el desayuno, fui a buscar a los que participaron en la ceremonia y conversé con cada uno de ellos acerca de sus experiencias durante la ceremonia, uno a uno me fueron contando sus increíbles experiencias, pues durante las ceremonias de Ayahuasca cada participante recibe exactamente lo que necesita, por lo tanto, cada experiencia es personal, intransferible y ajustada a la situación de cada persona. Aunque también es conveniente señalar que frecuentemente, todos son visitados por los mismos espíritus que acuden a la Malloca en cada ceremonia, entonces, alguna parte de su experiencia es grupal. Sin embargo, aquella noche en particular fue compuesta por experiencias personales muy particulares.
Guardé la conversación con Antony para el final, pues sabía que sería muy especial lo que él me relataría. Me encontré con él en una zona solitaria de uno de los jardines con los que contaba la casa de sanación.
Su estado de ánimo había mejorado, aunque no puedo decir que estaba alegre, sí se podía apreciar que había en sus ojos una luz de esperanza y en sus palabras expresiones de claridad y comprensión. Al encontrarnos nos dimos un gran abrazo: “Gracias Doctor, la ceremonia me ha cambiado la vida”-Me dijo. “Cuéntame Anthony ¿Cómo ha sido tu experiencia? -Le respondí. Entonces luego de dar un gran suspiro el me hizo el siguiente relato:
Iba caminando por la casa familiar donde había crecido junto a su familia. En cierto momento, ingresó un momento al cuarto de baño, se acercó al espejo y se miró. Lo que vio es que tenía colocada una máscara que estaba adherida a su rostro, entonces intentó quitársela, pero no pudo en un solo movimiento, así que fue quitándosela poco a poco, rasgándola con las uñas de sus dedos, pues la máscara estaba hecha de un material adhesivo.
Poco a poco fue apreciando su rostro y ¡Oh sorpresa! En la medida en que quitaba la máscara se dio cuenta que lo que estaba detrás de la máscara, no era su propio rostro, sino que era el rostro de su padre, con quien estaba tan resentido.
Poco a poco el rostro de su padre tomó su forma completa. Entonces Anthony comprendió que por más errores que haya cometido su padre, era en cierto modo su continuación, en cierto modo eran la misma persona. Entonces, luego se lavó la cara y se fue a sentar en un sillón. En ese proceso comprendió que lo que debería hacer para ser feliz era perdonar a su padre y quererlo, pues también vinieron a su mente las imágenes de los esfuerzos que hizo su padre para mantenerlo y conducirlo a ser lo que era. Anthony es ingeniero y tiene un buen trabajo, también tiene familia. Se dio cuenta que ese rencor y enojo lo estaba llevando a cometer con su esposa e hijos los mismos errores que su padre cometió con él. Tuvo entonces la claridad mental para darse cuenta que su deber y su deseo era perdonar a su padre.
Muy conmovido y derramando lágrimas de emoción me dijo: “Regresando a Houston visitaré la tumba de mi padre llevándole flores, pero, sobre todo, mis buenas intenciones de perdonarlo y comprenderlo. Me volveré amigo de él y ya no me molesta saber ahora que soy parte de él, soy su continuación y hasta podría decirle que me siento orgulloso. No sé qué pasó exactamente anoche, pero mis sentimientos han cambiado. Ya no quiero ser otra persona. Me aceptaré como soy, recibiré con amor mi herencia y seré feliz. Sé que lo que tengo que hacer es mejorar mi vida y corregir los errores que he estado cometiendo con mi familia inconscientemente. Gracias Doctor, esta experiencia me ha ayudado mucho. Ha cambiado mi vida, pero no en el sentido en que yo lo deseaba al inicio, sino, en la manera correcta, completamente nueva e inesperada. Nuevamente, mil gracias” – Me dijo dándome un fuerte abrazo. “Estoy muy feliz por ti Anthony. En las siguientes ceremonias no sé lo que experimentarás, pero tengo la seguridad que hallarás las revelaciones para utilizar los medios necesarios para ser una mejor persona y corregir tus errores. Muchas gracias por tu confianza y tu presencia”. –Le dije con sincero aprecio dándonos nuevamente un fuerte y sincero abrazo.
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Autor: David Concha Romaña.
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