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Depredadora
Después de cinco años de noviazgo me encontraba agotado. No
quería pasar la fiesta de Año Nuevo con mi novia, la quería,
por supuesto que sí, pero necesitaba libertad. Cinco días
antes del advenimiento del nuevo año me puse a maquinar
acerca de una manera efectiva de decirle que no deseaba
pasar el año nuevo a su manera, cuanto más pensaba, más me
daba cuenta que las mujeres son incapaces de comprender este
tipo de situaciones. Aun así, me armé de valor y le dije que
no pasaría el año nuevo con ella. La explicación que le di
fue en vano, ella reaccionó como siempre, rompió en
lloriqueos y quejas sentimentales:
-¡No me quieres, no tienes corazón, la verdad es que nunca
me has querido, eres un insensible machista!
En la última clase de filosofía el profesor nos dijo con
mucho énfasis: “El hombre que no es capaz de tomar una
decisión, no tiene valor”. Yo estaba resuelto, había tomado
una decisión y no cedería ante los lloriqueos y
lamentaciones. Las negociaciones duraron unos cuantos días,
pero al final, mi resolución y deseo de libertad, pudieron
más que las escenas de teatro dramático de mi conservadora
novia. Ella quería que pasemos el año nuevo en su casa, con
su familia y sus parientes. “¿Acaso no podemos pasar con
ellos el año nuevo? ¿No puedes olvidarte de los energúmenos
de tus amigotes por este año?” -Repetía una y otra vez.
Mientras la escuchaba, me imaginaba lo aburrida que sería la
fiesta; tener que abrazar y sonreír a esos tíos; tener que
escuchar a la abuela diciéndome: “Presta atención Danielito,
el esfuerzo y la paciencia tienen sus recompensas”. Yo no
quería una fiesta así, quería pasar un año nuevo infernal,
bailando con mil chicas fáciles, hablando lisuras y
palabrotas, tomando cócteles con toda libertad. En la casa
de mi novia todo sería paz y discreción, talvez habría una
sana cerveza y nada de cigarrillos. A las tres de la mañana
ya estaría en mi cama renegando, con el estribillo ése
retumbándome en la cabeza: "Así es el amor, si la amas,
tienes que darle sus gustos”. ¿Y mis gustos? ¿Y mis planes
para pasar un año nuevo infernal? Todos tenemos derecho a un
año nuevo a nuestra manera. ¿O no?
Faltando un día para la fiesta decidí ser categórico.
Mientras paseábamos por las inmediaciones de su casa, detuve
nuestro paseo, tomé a Mariela por los hombros y mirándole a
los ojos le advertí:
-Mariela. ¡No pasaré el año nuevo con tus parientes ni en tu
casa! Voy a perderme en las discotecas, haré un tour por el
centro de la ciudad, me iré al “Kamikase”, al “Ukukus”, al
Keros”, al “Montana”, al “Mamá Africa” y a todas la
discotecas que me dé la gana, y finalmente remataré la
fiesta en el “Tobacco Road”. ¡Estoy cansado de pasar el año
nuevo a tu manera! Si quieres puedes seguirme, todo lo que
tienes que hacer es sacar dinero, ponerte un atuendo de
guerra y venir conmigo. Todos los años la pasamos a tu
manera. ¡Este año me toca a mí!
-¡Eres un cruel, no me entiendes, insensible tarado, no te
quiero volver a ver! -Protestó mirándome con sus ojos verdes
inyectados de lágrimas.
Huyó de mi presencia dejándome plantado. Mientras corría
desconsolada hacia su casa, la observé con absoluta
frialdad. No sentí culpa, todo lo contrario, me sentí
aliviado. Al día siguiente me llamó temprano para
advertirme:
-¡Escúchame con atención Daniel! Es tu última oportunidad,
si no vienes a la fiesta de mi casa, date por muerto, algo
malo te pasará; además, si no vienes, olvídate de mí.
-No me importa, no iré. Ya te dije cuales son mis planes.
Chao.
Colgué el teléfono riéndome maliciosamente y me dirigí a mi
habitación a seguir viendo películas. Así logré quitarme a
mi novia de encima, el mismo día de año nuevo. Sólo quería
una noche de libertad, mi reclamo era justo. No había ningún
problema, luego de dos días la llamaría con mentiras para
decirle que la pasé muy mal, que no fui a su casa porque me
sentía dolido. Todo estaba planificado.
***
Decidí borrarla temporalmente de mi mente. Le pedí a mi
familia que le digan que no estaba si llamaba. Pasé el día
esperando las sorpresas propias de ese día, tomé un desayuno
suculento consistente en chocolate, panetones, quesos
nativos y otros ricos potajes. Después del desayuno fui a
pasear y hacer compras al centro de la ciudad, tratando de
evitar la imagen de mi novia. Aunque miraba a otras chicas,
aunque me escapaba mentalmente, no me fue posible evitar
visualizar su rostro, sollozando y haciendo berrinches. Cada
vez que su imagen se dibujaba en mi mente, resistía
pensando: “¡Fuerza Daniel, fuerza! Cinco años de prisión.
¡Este año me iré solo, pase lo que pase!".
Pasé la mañana entretenido, viendo los diferentes productos
en venta, compré ropa nueva para la noche, almorcé en un
restaurante y luego volví a casa a ver televisión y
descansar. Aún no tenía planes para el baile, no sabía qué
hacer, no llamé a nadie esperando que alguien lo hiciera. Si
nadie me llamaba me iría de tour por las discotecas, así,
sin ninguna atadura podría rodearme de chicas fáciles y
divertidas para bailar libre con nuevos amores, hasta el
amanecer, tomar las copas que se me antoje y volver a la
hora que yo quiera, sin tener que llevar a nadie a su casa.
En la tarde, como a las seis, me llamó una amiga de la
universidad, "Reginne", una conocida loba depredadora,
devoradora de hombres, jefa de una red de chicas sexis.
¡Fabuloso! Mejor no podría ser, era exactamente lo que
estaba esperando. Esa loba sabía perfectamente que yo tenía
novia, pero su instinto depredador hizo que diera en el
blanco. Al tomar el auricular del teléfono lo primero que
escuché fue su voz:
-¿Dani?, hola soy Reginne.
-Sí soy yo. -Le contesté.
-Papito rico, te invito a mi casa a pasar el año nuevo, no
tienes que traer nada, será una velada magnífica, van a
estar presentes todos nuestros amigos... por favor, tienes
que venir, ven temprano para ayudarme con algunos detalles.
-Ok Regi, iré como a las ocho de la noche.
Al terminar la conversación me dirigí a mi habitación dando
saltos de júbilo y riendo maliciosamente. Mi hermana al
verme me preguntó:
-Daniel. ¿Te traes algo malo entre manos?
-¡Sí, claro que sí! -Contesté entusiasmado.
No me interesaba Reginne, era una chica mayor que yo, tenía
cara de bruja y hacía mil artimañas para apoderarse de los
chicos que a ella le gustaban. Me causaba miedo, pero no las
chicas de su red, eran más de quince chicas sexis, fáciles,
libertinas, inmaduras y súper atractivas. Una fiesta con
ellas era lo que yo quería. ¡Al diablo con mi novia y sus
frágiles sentimientos! Me habían comentado que Reginne se
había propuesto apoderarse de mí, incluso había hecho
apuestas, yo lo sabía, utilizaría esa coyuntura para
aprovecharme y hacerme dueño y señor de la fiesta,
administrar las bebidas y obligarla a brindarnos una cena
magnífica.
***
Ya daban las nueve de la noche, nadie más me había llamado,
así que decidí partir rumbo a la casa de la fiesta, en el
barrio de La Recoleta. Tomé un taxi y mientras fumaba
pausadamente en el asiento delantero, me hacía fantasiosas
imágenes mentales de lo que sucedería. A través del equipo
de sonido estaba sonando una canción de Julio Iglesias: "por
el amor de una mujer", lo cual me puso aún más emocionado.
En mi mente se dibujaban las imágenes de llamativos
ambientes del Caribe y de los lujosos hoteles que aparecen
en las películas. Me veía bailando en medio de decenas de
chicas hawaianas con faldas de plantas tropicales y el torso
desnudo. Volví en mí mismo cuando el taxista me anunció que
ya estábamos en el lugar. Bajé, di con la casa y toqué el
timbre, dispuesto a ingresar a la fiesta, traía conmigo una
botella de champaña envuelta en papel de regalo. Era una
cortesía de mi parte por la gentil invitación, mis
escrúpulos no me permitían ir con las manos vacías. Además,
Reggine sería una loba depredadora, pero no merecía un trato
despótico.
Abrió la puerta la propia Reginne y pasé. Me saludó con su
voz entrenada para parecer sexi, poniéndome la cara para
recibir el beso del saludo.
-Hola...
-¡Cómo! Son casi las diez de la noche, ¿y no hay nadie?
-Contesté admirado.
-No seas ingenuo papito, estas fiestas comienzan a la media
noche, es año nuevo, no el cumpleaños de tu abuelita. Muy
bien que estés aquí para ir brindando unas copitas. -Dijo
sonriendo pícaramente, acariciándome la cabeza y tomándome
de la mano para hacerme pasar.
Me arrebató el champán y tras abrirle el papel de regalo, lo
primero que hizo fue mirarle la marca. Yo pensaba: “¡Qué
sabrá esta analfabeta de licores!” Sirvió dos tragos en unas
chuscas copas de vidrio y muy confianzuda la loba, me acercó
su vampiresco rostro; tenía los ojos maquillados de negro
con pestañas postizas, cejas delgadas dibujadas con
delineador, hacia arriba. Era un cuadro terrorífico. Tuve
que aceptar el brindis hasta terminar la botella de
champaña. Un poco entusiasmado encendí unos cigarrillos para
ir conversando, ella me dijo: “Espérame un momento, voy a
traer algunas cosas. No te preocupes, los invitados están en
camino”.
Observé el ambiente y me di cuenta que nada estaba
preparado; no estaban los gorros, ni las guirnaldas, ni los
globos en el techo, ni las silletas, en el bar no había más
que dos tristes botellas de licor barato a medio consumir.
“¡Qué raro! -pensé-. O estoy tan desactualizado que no me
doy cuenta que estas fiestas de año nuevo se organizan a
partir de la media noche, o aquí hay gato encerrado”. ¡No!
no podía ser posible, si es precisamente a las doce de la
noche cuando los invitados se levantan de sus lugares para
festejar el advenimiento del nuevo año. Me dio la sensación
que esa mujer, embajadora del infierno, se había olvidado
que había una fiesta en su casa. A las once de la noche
estaba realmente preocupado, nadie había venido a la fiesta.
Admito que yo no era un gran experto en fiestas pero, allí
había algo muy extraño. “Ya voy mi amorcito... prepárate”.
-Gritó la maldita y de pronto apagó la luz.
No tuve tiempo de reaccionar, la única luz que nos alumbraba
fue apagada, quedando el salón iluminado sólo por la luz de
color naranja proveniente de la calle. Como adivinando lo
que vendría, los perros y gatos de la casa se habían
apostado en la ventana de la sala que daba al patio. Pronto
escuché nuevamente su llamado: “Daniii… cariñito, pon un
poco de música, ya voy...”
La depredadora asumió que pasaría la noche con ella, y por
eso me decía todas esas frases. Yo estaba a punto de
explotar, pero no tomé ninguna resolución, encendí el viejo
y vetusto equipo de sonido, hizo sonar temas románticos. Me
senté. De pronto, vi ingresar a un bulto al salón, tuve un
sobresalto, pero muy pronto reparé que era ella. La muy
fresca se había vestido sólo con ropa interior de vampira:
bikini negro con espuelas en el cinturón, largos lazos que
conectaban con botas negras agresivas con implantes
metálicos plateados, su rostro estaba maquillado
exageradamente, tenía las manos cubiertas por guantes negros
de encaje que casi le llegaban a los codos. A los dos
escasos metros que me separaban de ella, podía distinguir
sus ojos lujuriosos y su figura totalmente desagradable.
Parecía un gladiador. Se puso a bailar como una meretriz de
prostíbulo, ni siquiera como eso, puesto que hasta las putas
tienen un cuerpo divino cuando hacen su show. Molesto por el
atrevimiento protesté:
-¡Reginne, qué significa esto! ¿Dónde están los invitados?
-En camino papito, en camino... -Respondió.
Mientras se acercaba me arrinconó en el sillón. Preferí
calmarme y sentarme un momento a observar esa escena
patética. Reginne estaba segura que su ardid de seducción
tendría éxito. Debo admitir que en una suerte de
complacencia y morbo sexual, me quedé un momento a verla
bailar, la muy puta había programado su equipo de sonido
justo en la emisora romántica del momento. Realmente era una
mezcla de enojo y risas internas. Pronto encendió un
cigarrillo de olor raro, mientras lo fumaba se puso a gemir
de excitación, cada vez más intensamente, parecía una gata
negra en celo. Decidí irme del ambiente, pues me había
engañado y a decir verdad, esa mujer no me gustaba nada. Tan
pronto terminé de pensarlo, ya la tenía encima, parecía una
resucitada que se acercaba, se sentó en mis rodillas y
acercando su cara maquillada de mil colores, me dijo
impulsivamente:
-¡Hazme tuya Daniel, aaahhhhh.....! -Gemía con los ojos
cerrados, mientras me agarraba con una fuerza descomunal y
casi me ahogaba.
-Buena Reggie, a tanta insistencia, voy al baño y vuelvo.
-Le dije molesto, quitándomela de encima.
-¡No!...aún no, antes un trago. -Añadió.
Sirvió dos gigantescos vasos de ron casi puro, tuve que
tomar unos sorbos mientras esperaba el momento adecuado. En
cuanto pude, fui al baño. Tuve que forzar una ventana, salir
al patio y luego huir rápidamente hacia la calle. Ya fuera,
di un suspiro de alivio, no sólo por haber huido, sino
también porque los perros no pudieron alcanzarme. Ya en la
calle le grité por la ventana del salón:
-¡Reggine! ¡Chao bruja, nos vemos otro día! -Tomé un taxi y
huí del lugar. Al partir alcancé a escuchar un portazo y
alterados gritos.
-¡Ya verás Daniel, eres un estúpido, semilla de hombre,
imbécil!
***
Molesto y confundido le pedí al taxista que me deje en el
centro de la ciudad. Eran las once y treintaicinco de la
noche, la gente caminaba apurada y confundida tratando de
llegar a tiempo a sus respectivas fiestas, yo estaba allí
solo, parado en el lugar donde me dejó el taxi, sin saber
qué hacer. Me acerqué a la puerta de una discoteca con la
intención de entrar, pero me di cuenta que todos estaban
ingresando en grupos o en parejas. Quise iniciar mi tour
discotequero, pero me di cuenta que solo no la pasaría nada
bien. Retirándome del lugar me acerqué a una tienda y compré
un conejo de chocolate, tomé otro taxi y me fui apurado a la
casa de Mariela. Toqué la puerta avergonzado, me abrió uno
de los tíos, quien me recibió escandalosamente: “¡Adelante
muchacho, te estábamos esperando! ¡Marielita, hijita, es
Daniel, ya ha venido!”
Me instalé en un rincón, me sentía incómodo y avergonzado;
pero ya estaba allí. Mariela pasó por mi lado sin mirarme, y
aunque quise tomarle de la mano y entregarle el conejo de
chocolate, me hizo un quite y se perdió entre los invitados.
Estaba a punto de acercarme y hablarle, pero ya no fue
posible. Dieron las doce de la noche, se oyeron reventar los
cohetes de año nuevo, todos nos confundimos en un alegre
abrazo. Entre el tumulto me encontré con ella y sin decirnos
nada, nos abrazamos y nos quedamos fundidos en un largo
beso.
FIN
ESCRITO EN CUSCO. 2000. - Autor: David Concha Romaña

José Luís Morales Sierra. "Borde del amor y cama"
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